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Próximo evento en Jaén… La RoJa

Hola Pinks, este sábado estaremos en Jaén con nuestras historias Pinklove. Lo nuevo de Ahna Sthauros aterriza en tierras jienenses…

El demonio rubio de la lujuria busca corazones a los que atrapar en sus redes… ¿Caeréis en la tentación? Estoy segura de que así será…

Aquí os dejo un aperitivo de:

Una estrella para el demonio

…Los humanos eran demasiado obtusos para entender que lo que pintaba esa joven eran verdades como puños y no se daban cuenta de que convivían cada día con sus peores pesadillas. Pero, ¿y los ángeles? ¿Por qué no intervenían?

Bueno, era cierto que parecían estar muy ajetreados últimamente con un asunto interno…
Por lo visto, su jefe tenía más de una razón para reclamar el alma de esa humana.
—El precio de salida es de diez mil euros —prosiguió el comisario tras dejar un tiempo razonable para que el público, y sobre todo los coleccionistas, admirasen la obra—. ¿Quién da más?
Entonces se desató una lucha a muerte entre varias personas de la sala para hacerse con la pintura.
Leivan esperó pacientemente y al cabo de diez minutos el precio alcanzaba ya los cincuenta mil euros. Pero no era suficiente para lanzar su bomba particular.
—¡¡Cien mil euros!! —vociferó el hombretón con barba del asiento delantero.
Muchas cabezas se giraron para mirarlo.
—El número quince ofrece cien mil euros —repitió el comisario—. ¿Alguien da más?
Leivan esbozó una sonrisa torcida y levantó su número con suma elegancia.
—Un millón de euros —dijo con toda la tranquilidad del mundo.
Y el caos se apoderó de todos los coleccionistas.

Briseia estaba tan nerviosa que tenía ganas de morderse las uñas. Estaba escondida detrás de las cortinas de un lateral del escenario y solo había echado un furtivo vistazo para comprobar que había mucha gente en la sala. Gente muy adinerada.
Era un alivio porque daba a entender que su cuadro se iba a vender a un precio interesante, pero no la tranquilizaba para nada.
No era su primera subasta ni su primer gran evento social con la influyente alta sociedad europea, pero se sentía inusualmente nerviosa y no entendía el porqué.
Situada un poco más lejos y mirando al público con todo el descaro del mundo, Mónica estaba disfrutando de lo lindo. Tenía una libreta en las manos y, de vez en cuando, apuntaba algo en ella.
Briseia resopló y se mordió el labio.
Seguramente estaría anotando las características físicas de los posibles compradores; estos que parecían estar luchando a muerte detrás de la cortina.
Cada vez que un hombre hacía una oferta, Mónica abría la boca en grande para luego apuntar algo en su libreta. La llamó varias veces con la mano, pero Briseia hizo caso omiso. No necesitaba ponerse más nerviosa con sus cotilleos.
Pasaron diez minutos de esta forma hasta que de la sala, que hasta el momento había permanecido en un silencio casi religioso, llegó un rumor ensordecedor. Todo el mundo parecía estar hablando al mismo tiempo por culpa de un acontecimiento increíble.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Briseia en voz baja.
Un encargado le contestó dado que su propia asistente daba la impresión de estar en estado de shock.
—La oferta ha alcanzado un millón de euros, Miss Rivas.
—¿En tan solo diez minutos? —parpadeó la aludida.
—Así es. El comisario quiere preguntarle si ya puede hablar de la «sorpresa» exclusiva para el comprador o la compradora, a ver si la cantidad puede subir un poco más. ¿Está usted de acuerdo?
—Eh… sí, sí. Claro —tartamudeó ella.
El encargado sonrió y se fue hacia el comisario.
Briseia se pasó una mano por la frente, desconcertada. Estaba acostumbrada a oír hablar de cantidades indecentes de dinero como si fuese totalmente normal, pero nunca la subasta de una de sus obras había supuesto tanto dinero en tan poco tiempo.
¡Ni que ella fuera Picasso!
Oyó cómo el comisario hablaba de la «sorpresa» exclusiva y cómo, acto seguido, la lucha volvía a empezar entre, al parecer, dos o tres contrincantes. No se oía nada aparte del baile furioso de cifras: el público parecía estar conteniendo la respiración.
De repente, un extraño éxtasis se apoderó de Mónica y, sin saber cómo, Briseia se encontró a su lado tras haber sido arrastrada en un santiamén.
—¡Es él! ¡Es él! —gritó su asistente, poseída de nuevo.
Briseia frunció el ceño.
Aunque nadie podía verlas gracias a la pesada cortina de terciopelo, si Mónica no paraba de señalar al público con el dedo las iban a descubrir en breve.
—¿Moni, de qué hablas?
—¡Es el dios de esta tarde! ¡Ese que está pujando ahora mismo!
Briseia resopló, pero se esforzó en divisar al hombre señalado.
No veía absolutamente nada.
—¿Me estás diciendo que ese hombre grande y barbudo que se parece a un oso es el dios que ha estado contigo esta tarde? —inquirió al ver al susodicho levantar su número.
Mónica dejó de sonreír como una boba y la fulminó con la mirada.
—¡Pues claro que no, cegata! ¡El rubio! ¡El que está detrás!
—Lo siento mucho, Moni, pero…
Su asistente le apretó la muñeca para interrumpirla justo en el momento en el que el comisario proclamaba:
—¡Adjudicado al postor número veintidós por dos millones de euros!
Briseia abrió los ojos en grande y se quedó petrificada.
¿Acababa de oír dos millones de euros o estaba sufriendo una conmoción cerebral?
—¡Madre mía, Bri! ¡Dos millones! —exclamó Mónica.
Pues no, su cerebro funcionaba bien.
—Pero… pero… —balbuceó, presa de los nervios.
Mónica la sacudió levemente diciendo:
—Bri, me parece que te están esperando. El comisario acaba de nombrarte para que salgas a recibir al nuevo propietario de la obra. Déjame que te eche un vistazo…
Su amiga dio una vuelta a su alrededor para inspeccionar el vestido verde agua de gasa, el maquillaje nude y el peinado con algunos bucles sueltos.
—Estás genial. Venga, respira hondo y sal antes de que…
Mónica volvió a mirar hacia el escenario y se quedó de una pieza cuando vio al hombre que se dirigía hacia el comisario.
—¡No me lo puedo creer! ¡El dios ha comprado tu cuadro!
Briseia no tuvo tiempo de contestar ya que su amiga la empujó para que saliese cuanto antes. El público aplaudió su entrada mientras el comisario sonreía y decía:
—Señoras y señores, la joven y talentosa pintora Briseia Rivas.
Ella echó mano de su profesionalidad y avanzó sonriendo a diestro y siniestro hasta llegar a su obra. Tras saludar levemente con la mano, permaneció quieta y observó cómo el comprador de la pintura subía con gracia felina los escalones.
Y entonces su mente se quedó completamente en blanco y su corazón dio un salto en el pecho.
Por una vez, Mónica tenía razón. Ese hombre era un dios de carne y hueso.
Era alto y su elegantísimo traje de chaqueta azul oscuro se ajustaba a la perfección a su cuerpo espectacular lleno de duros contornos y de músculos. Pero, como buena artista, fue la belleza de su cara lo que la dejó anonadada. Su pelo tenía el color del oro bruñido y algunas mechas caían por encima de su fuerte frente. Su piel no era lechosa sino suavemente bronceada, lo que destacaba sus rasgos cincelados: tenía una marcada mandíbula, una nariz aquilina y regia, unos pómulos altos y bien definidos y una boca de labios firmes, apretados de forma un tanto severa en estos momentos, que parecía estar creada para besar y volver loca de deseo a una mujer.
El conjunto tan hermoso era fascinante, y Briseia sintió unas ganas repentinas de coger cualquier trozo de folio para dibujarlo. No había nada dulce en él. Emanaba sensualidad pura y dura, y todas las mujeres del público lo estaban devorando literalmente con la mirada.
El fuego del deseo se apoderó de su cuerpo y Briseia lamentó no tener un abanico para refrescarse. Ya no corría sangre en sus venas sino ríos de lava. Se ruborizó violentamente cuando unas imágenes muy explícitas de ese hombre totalmente desnudo cruzaron su mente sin previo aviso.
¿Pero qué le estaba pasando?
Cerró la boca abierta de golpe e intentó apartar los ojos de ese cuerpo viril tan tentador como la manzana del Edén. Entonces cometió el error de clavar su mirada en la suya y tuvo la impresión de que el mundo había dejado de girar alrededor del sol.
Los ojos de ese hombre eran indescriptibles: no eran negros, como lo creía Mónica, sino verdes. De un tono verde oscuro como las profundidades de un bosque escondido y lleno de secretos.
Briseia no oyó nada de lo que le decía el comisario, pero tendió la mano de forma automática al suponer que estaba cumpliendo con el ritual de las presentaciones. Cuando el hombre envolvió su diminuta mano con la suya tan poderosa, una descarga eléctrica recorrió su cuerpo por completo y la hizo estremecerse.
—Enchanté, Miss Rivas —dijo el desconocido en francés, con una voz tan grave y aterciopelada que parecía haber sido creada para acariciar y prometer cosas pecaminosas al oído.
Briseia contuvo la respiración, pero no retiró la mano. Una inexplicable sensación de paz brotó en su alma y le arrancó una dulce sonrisa.
Era él. Lo había encontrado. Había encontrado a esa persona tan especial como ella.
Ese ser tenía la apariencia de un hombre, pero ella estaba absolutamente convencida de que no era un hombre. Pertenecía a esa raza que la atormentaba desde siempre.
Era espléndido, fuerte y poderoso. Pero, en este preciso instante, daba la impresión de haber recibido un golpe inesperado y la miraba con una mezcla de incredulidad y de miedo muy peculiar y nada halagüeña.

Una historia que os atrapará desde la primera página.

Junto al demonio, viajarán los Vargas y su peculiar manera de tomar tequila.

No sé vivir sin ti, historia de nuestra Pilar Nieva

Nos hará enamorarnos de México, de la hacienda de agave y de como se consigue esa peculiar bebida de esa planta.

Mario Vargas con su mirada dorada y su sonrisa de medio lado os enamorará desde el minuto uno. ¿Enamorará a Paula de la misma manera?

Un beso hizo que sus almas estallasen en un millar de fragmentos, mezclándose,  fusionándose el uno en el otro. Ahora ambos estaban hechos de pedacitos del otro.

Y por ultimo… Elizabeth Da Silva nos trae 2 historias

Regálame tus besos.

Leonardo, Sofía, un hotel, un malentendido… y la pasión madura de dos almas que ya no creían posible encontrar el amor.

El beso es la única caricia que no requiere manos.

Anónimo

Los juegos…

La unión en un solo volumen de Los juegos eróticos de Charles y Elisa con su historia de amor Más que juegos. 

El amor entrará en la ecuación cambiándolo todo.

En todo encuentro erótico, hay un personaje invisible y siempre activo… la imaginación.

Octavio Paz

La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa, cuando se ejerce para aprender a amar…

Dante Alighieri

Como veis vamos cargadas de amor para todos los gustos…
Os esperamos deseando que entréis a formar parte del mundo PINK.

Firmado… La brujita pinklove

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